Pista atlética: sándwich, prefabricada o poliuretano puro
Las tres tecnologías de pista se ven casi iguales terminadas y cuestan muy distinto. La elección no es de gusto: depende de si la pista va a competir, de cuántas horas al día se usa y de qué tan parejo está el asfalto que va debajo.
Los tres sistemas, en una línea cada uno
- Sándwich: una base de caucho vertida en obra, sellada y rematada con una capa de poliuretano con granulado. Es el sistema de referencia por relación costo-desempeño.
- Prefabricada en rollo: la superficie llega fabricada en planta, en rollos, y se pega sobre la base. Calidad uniforme y muy alta durabilidad.
- Poliuretano puro: todo el espesor vertido en obra, sin caucho reciclado en la estructura. El acabado más homogéneo y el más caro.
Cuál conviene, según el caso
| Sistema | Conviene cuando | A tener en cuenta |
|---|---|---|
| Sándwich | Uso escolar, municipal y entrenamiento; la mayoría de los proyectos | Se vierte en obra: el resultado depende de la mano y del clima del día |
| Prefabricada | Uso intensivo y continuo, o cuando se busca la vida útil más larga | Exige una base muy plana; las uniones entre rollos se resuelven en obra |
| Poliuretano puro | Competencia y alto rendimiento, con presupuesto que lo acompañe | El más costoso por metro; se justifica por desempeño, no por durabilidad sola |
El espesor y para qué sirve
Las pistas se mueven en un rango estrecho, del orden de 13 mm, y las diferencias de uno o dos milímetros entre sistemas responden a cómo está armado cada uno, no a que uno sea «más grueso y mejor». Lo que cambia el comportamiento es la devolución de energía y la absorción de impacto, que se miden en ensayo y no se deducen del espesor.
Si el expediente solo especifica milímetros, está dejando fuera lo que de verdad define una pista. Conviene pedir los valores de absorción de impacto y deformación vertical del sistema ofertado.
Cuándo hace falta certificación — y cuándo no
El organismo que certifica pistas es World Athletics (la antigua IAAF). Su certificación aplica a instalaciones que van a alojar competencia oficial homologada, e implica ensayos del sistema y medición de la pista construida.
Para una pista escolar, municipal o de entrenamiento, exigirla encarece el proyecto sin cambiar nada de lo que el usuario va a sentir. Lo razonable en esos casos es pedir informes de ensayo del sistema y ficha técnica del fabricante, que es lo que acredita calidad sin pagar una homologación que nadie va a usar.
Lo que va debajo decide el resultado
Ningún sistema corrige una base mala. Antes de hablar de superficie hay que tener resuelto:
- La base asfáltica o de concreto, con la planicidad que el sistema exige — la prefabricada es la más exigente de las tres.
- El drenaje: el agua tiene que salir de la pista, no quedarse en los carriles.
- La geometría: radios, longitud de cuerda y anchos de carril. Un error acá se arrastra a toda la demarcación y no se corrige pintando.
Qué pedir antes de decidir
- Si la pista va a competir oficialmente o no. Esa sola respuesta descarta o exige la certificación.
- Horas de uso previstas por día: es lo que separa sándwich de prefabricada.
- Estado y planicidad de la base existente.
- Valores de ensayo del sistema ofertado, no solo el espesor.
- Número de carriles y qué zonas de saltos y lanzamientos entran en el alcance.
Con eso, las tres tecnologías dejan de ser intercambiables y la comparación de ofertas se vuelve una decisión técnica en vez de una de precio.
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